Nota de prensa:
El 22 de enero llega a Filmin una de las favoritas a los próximos Premios Goya: “Maspalomas”. Este drama queer de los cineastas vascos Jose Mari Goenaga y Aitor Arregi (ganadores de 14 Premios Goya con su productora Moriarti, autores de “Handia” o "Marco") está nominado a 9 Premios Goya, entre ellos a mejor película. Su protagonista, José Ramón Soroiz ("Patria"), obtuvo la Concha de Plata a la mejor interpretación protagonista en el Festival de San Sebastián y el Premio Forqué a la mejor interpretación masculina. Junto a él, Nagore Aramburu ("Querer") interpreta a la hija del protagonista.
Tras romper con su pareja, Vicente, un hombre abiertamente gay de 76 años, lleva la vida que le gusta en Maspalomas: su día a día lo pasa tumbado al sol, de fiesta y buscando el placer. Un accidente inesperado le obliga a regresar a San Sebastián, y reencontrarse con su hija, a quien abandonó años atrás. Vicente tendrá que vivir en una residencia donde se verá empujado a volver al armario y a ocultar una parte de sí mismo que creía resuelta. En este nuevo entorno, Vicente deberá preguntarse si aún está a tiempo de reconciliarse con los demás… y consigo mismo.
La sexualidad en la tercera edad
La idea de escribir "Maspalomas" surgió cuando Jose Mari leyó un artículo que señalaba que no es extraño que personas abiertamente homosexuales opten por “volver al armario” en la última etapa de sus vidas, a menudo como consecuencia de su ingreso en una residencia de ancianos. Aquí influyen varios factores: el miedo a no ser aceptado y la asunción de que las personas mayores no son sexualmente activas. “Vivimos en una sociedad que vive de espaldas a la sexualidad de la gente mayor. Parece que eso no existe”, explica Goenaga para Kinótico, a lo que Arregi añade “Es como si fuera malo que una persona mayor tuviera esos impulsos sexuales”. De aquí surge la pregunta: ¿Cómo se manifiestan las preferencias sexuales cuando muchos consideran que ni siquiera las hay?
Es difícil dejar atrás todo el camino que tanto costó abrir y es ahí cuando el protagonista se ve obligado a retroceder y tomar conciencia de la homofobia internalizada que lleva dentro. “A Vicente lo quisimos contar casi como un adolescente, con esa etapa que no vivió en su momento”, explica Arregi. “A mí también me pasó, salí del armario tarde y viví esa adolescencia tarde. Luego el protagonista vive un giro en que planteamos hasta qué punto él había superado toda esa homofobia interiorizada, cuando vuelve a vivir todos esos complejos, esos miedos… Al final, hace un viaje a la aceptación personal”, puntualiza Goenaga.
El último hogar
El lugar tampoco ayuda a esta confrontación. Hay una contraposición evidente entre la libertad de Maspalomas y la opresión de la residencia de San Sebastián, un entorno que no propicia que los internos desarrollen una personalidad propia. Si te despojan de tu identidad sexual y de tu expresión personal, ¿qué te queda?
“Investigamos en residencias de mayores, hablamos mucho también con Federico Armenteros, de la Fundación 26 de diciembre, nos leímos algún libro de testimonios de hombres que salieron del armario muy tarde… Antes de ponerme a escribir el tratamiento, estuve trabajando con una trabajadora social para documentarme sobre el funcionamiento de las residencias. Me contaba que ahora hay residencias que empiezan a dedicarse más en las personas y en sus proyectos de vida, pero también me encontré con muchos trabajadores muy críticos con su propio sector, que está muy limitado a nivel de recursos”, admite Jose Mari Goenaga, que plasma esta evolución en la película sin dejar de ser crítico con la situación.
50 años de carrera
Jose Ramón Soroiz lleva 50 años en pantalla, pero Vicente es su primer papel protagonista en el cine y con él ha conseguido ser el primer actor en ganar la Concha de Plata por un papel en euskera, un hito para el cine euskaldun.
Pero Soroiz no siempre estuvo seguro de aceptar el papel. En la primera propuesta de los directores, su respuesta fue: “¿Estáis seguros de que soy yo la mejor opción para hacer un protagonista? Soy muy lento, soy disléxico, tengo que leer 30 veces una secuencia para poder entenderla y después no hago entrevistas, ni voy a la tele ni nada. Ahora vosotros veréis”. Por supuesto, a ellos no les importó.
Luego, leyendo el guion, comenzaron las dudas por la cantidad de escenas íntimas que había, algo a lo que Soroiz nunca se había enfrentado: “Leí el guion y me encantó, me emocioné, pensé yo lo puedo hacer, pero estaba el otro tema... y les dije, dadme tiempo para pensarlo. Lo comenté en casa y me dijeron: Bueno tú verás, estás jubilado, ¿qué necesidad de hacer eso?”. Impulsado por la historia, el actor aceptó el reto y trabajó con las coordinadoras de intimidad para dar forma a una interpretación que ha cosechado un amplio reconocimiento tanto del público como de la crítica.
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