Nota de prensa:
El 10 de abril se estrena en Filmin “April”, el segundo largometraje de la directora georgiana Dea Kulumbegashvili, autora de "Beginning”, película con la que se llevó la Concha de Oro. Con este nuevo trabajo, la cineasta ha consolidado su prestigio internacional al alzarse con el Gran Premio del Jurado en Venecia y coronar la Sección Zabaltegi en el Festival de San Sebastián.
Sinopsis
Nina (Ia Sukhitashvili) es una obstetra experta en un hospital materno del este de Georgia. Tras un parto difícil, el bebé muere y el padre, destrozado por el dolor, exige que se investiguen los métodos de Nina. El escrutinio resultante amenaza con sacar a la luz la actividad paralela de Nina, que consiste en conducir por la impresionante belleza del campo hasta las casas de las aldeas donde viven las mujeres y las niñas embarazadas para practicarles abortos ilegales, y con destruir la profesión que es la única fuente de sentido en su vida.
El ciclo continúa
La idea de la película surge durante el rodaje del anterior largometraje de la directora, cuando empezó a entrar en contacto con mujeres que vivían en condiciones de gran precariedad. Muchas de ellas, con seis o siete hijos, apenas habían tenido acceso a la educación –no sabían leer ni escribir– y se habían casado siendo adolescentes. A partir de estas experiencias, Kulumbegashvili identificó un patrón: "Comprendí que se trata de un círculo vicioso: las madres no recibieron ninguna educación, se casaron a los quince años y nadie les preguntó nunca qué querían en la vida, y luego tuvieron hijos. Y, a pesar del amor y los cuidados que les dan, son incapaces de proporcionarles una educación básica. Y el ciclo continúa”.
Kulumbegashvili quiso poner el foco en estas mujeres y en la importancia de mantener en el centro de la conversación el tema del aborto: “En Georgia es legal hasta las doce semanas, pero cada clínica tiene derecho a decidir si quiere hacerlo, y es imposible encontrar una clínica que lo haga. Pregunté a los médicos: ‘¿Y si se trata de una víctima de violación?’. Y me respondieron: ‘Debería ir a la ciudad y resolverlo con la policía’. Uno de los médicos dijo: ‘¿Por qué tengo que ser yo responsable de sus pecados?’ ”.
Las personas de las alturas
Dea Kulumbegashvili quiso hacer a las personas locales partícipes de su proyecto. Dispusieron una zona de manualidades para que los niños pudieran acercarse, participar y preguntar. La directora quería despertar en ellos la curiosidad y permitirles vislumbrar otro futuro. También invitó a las mujeres del pueblo: “Tenían muchas ganas de maquillarse. Aunque en mi película no usamos mucho maquillaje, les dije que sí. Para ellas era una celebración, un día libre de su rutina. Pero antes de volver a casa, se lavaban la cara: no podían dejar que nadie supiera que llevaban maquillaje. Como si no se les permitiera disfrutar de un día feliz. A sus maridos no les importaba que salieran en la película, porque les pagaban. Pero, de alguna manera, no debía ser algo con lo que ellas también disfrutaran”.
Hasta los partos que aparecen son reales. Kulumbegashvili pasó un año observando el trabajo de los médicos en una clínica de maternidad: “Y en algún momento me permitieron hablar con las mujeres embarazadas para preguntarles si me dejarían ver y filmar sus partos. Estuve en contacto con ellas durante casi todo el embarazo, por lo que se sentían muy cómodas conmigo. Se necesitó mucha paciencia por parte de todos y comprender que no éramos los protagonistas y que, en cuanto alguien nos dijera que teníamos que irnos, lo haríamos. Aunque teníamos muy poco control, también estábamos muy preparados”.
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