Filmin estrena en exclusiva "Kontinental '25", premiada en Berlín, el 30 de abril


Nota de prensa:

Filmin estrena en exclusiva el 30 de abril “Kontinental ‘25”, la nueva película de Radu Jude que se llevó el Oso de Plata al mejor guion en el Festival de Berlín. Se trata de una revisión libre y contemporánea de “Europa ’51”, atravesada por el humor corrosivo y la lucidez política del cineasta rumano. Protagonizada por Eszter Tompa, premiada como mejor actriz en los festivales de Gijón y Chicago, la película vuelve a situar a Jude en diálogo con la historia del cine y con las fracturas del presente.


Dejando atrás los vampiros de su anterior película, “Dracula”, Jude se fija ahora en otra clase de depredadores: los inmobiliarios. La película traslada su mirada a la ciudad de Cluj, en Transilvania, convertida aquí en emblema de la especulación inmobiliaria, la desigualdad y las formas contemporáneas de violencia social.



Sinopsis

Orsolya es una alguacil en Cluj, la principal ciudad de Transilvania. Un día debe ejecutar el desahucio de un hombre sin techo que vive en el sótano de un edificio. Un suceso inesperado desencadena una crisis moral que intentará resolver como pueda.


La precariedad como dispositivo


La idea de “Kontinental ‘25” acompañó a Radu Jude durante más de una década, desde que vio en televisión la noticia de una propietaria devastada después de que un desahucio desembocara en el suicidio de su inquilino. Lo que le llamó la atención era que “ella se sentía culpable, pero todo el mundo a su alrededor no la acusaba, sino todo lo contrario”. Con los años, esa intuición inicial se volvió, en sus palabras, “cada vez más urgente”, a medida que se agravaban la gentrificación, el poder corporativo y la corrupción política.


No es casual que situara la acción en Cluj, ciudad que Jude ha descrito como el “Silicon Valley rumano”, donde el crecimiento económico convive con una profunda fractura social. Rodada en apenas diez días con un iPhone, con un equipo técnico casi inexistente y reutilizando parte del elenco de su anterior película, el filme convierte esa precariedad en una forma de libertad: “Para la primera parte de la película rodamos realmente como si fuera cinéma vérité. Hay una lectura de poesía en la que irrumpe nuestro personaje sin hogar, y era una lectura real en la ciudad. Había muchísima gente grabándolo con sus iPhones. Nosotros éramos simplemente uno más.”, comenta el director.


Esta anécdota es representativa del estilo de Jude, acostumbrado a filmar mucho y con metodologías deliberadamente precarias. Como él mismo ironiza: “Cuando no tienes talento, tienes que ingeniártelas”. Una poética de urgencia que atraviesa toda la película.


El poder de la palabra


Si la primera mitad está marcada por esa inmediatez casi documental, la segunda se construye desde el diálogo. Orsolya, en la extraordinaria interpretación de Eszter Tompa, inicia una deriva moral que la lleva a encontrarse con amigos, desconocidos o un sacerdote, buscando respuestas para una culpa que nadie logra disipar. La película evoca por momentos la deriva de Cléo en “Cléo de 5 a 7”, aunque aquí no se esperan resultados médicos, sino diagnósticos morales.


Cada conversación reescribe ligeramente el relato de lo sucedido y, en esos matices —en pequeñas variaciones del discurso—, Jude despliega una reflexión sobre responsabilidad, lenguaje e ideología. No es casual que la palabra ocupe un lugar central. “Quería hacer una película donde el lenguaje fuera la materia misma del cine”, ha explicado el director. Y añade, con su habitual ironía: “Las palabras son gratis; puedes usar una o un millón. Decidí tratarlas como el efecto especial de la película”.

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