Mike Leigh sabe cómo jugar con el drama, poniendo momentos tan extravagantes, que al final parezca que estamos ante una comedía. Con los padres de Rosie, un par de ancianos que verán como sus vidas, pasan de ir cuidando siempre a su hija, a afrontar sus propios problemas. Los cuales los llenan de canciones sin música, para que nunca olviden quienes fueron.
Con un buen ritmo y una historia que no desfallece, te muestran esas heridas que van apareciendo. Ese toque que te da la vida y en otras ocasiones, esa lección que te muestra que sigues siendo humano, con todos sus aciertos y todos sus errores. Esas personas que aparecen dentro de tu vida, para echarte una mano sin pedir nada a cambio.
Entre ellas están los padres de Rosie, unos entrañables ancianos que, desde el sofá de su casa, se convertirán en una Estella Getty con mucho menos sarcasmo pero con el mismo punto de ironía.
Nota: 7/10.
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