El exterior, de Víctor Moreno y producida por Womack Studios y KV Films, recibe una gran acogida en su estreno mundial en Sitges


Nota de prensa:

El exterior, el primer largometraje de ficción del cineasta Víctor Moreno (Tenerife, 1981), ha celebrado este viernes su estreno mundial en el Sitges Festival Internacional de Cinema Fantàstic de Catalunya, donde compite en la Sección Oficial Fantàstic a Competició, y en el que ha llenado las 1.400 butacas del Auditori.


La película ha recibido una gran acogida en el certamen gracias a su propuesta “valiente”, como ha declarado Ángel Sala, director del festival, que apuesta por una ciencia ficción de autor hecha en España, un país en el que, como se ha destacado en la rueda de prensa, disfrutamos de pocas películas de este género.


Aislamiento, maternidad, el control de la IA, la búsqueda espiritual y la percepción de la realidad son algunos de los temas que aborda El exterior a través de los códigos de la ciencia ficción. Coproducida por Womack Studios y KVFilms, la película sigue a una astronauta que participa en un exigente entrenamiento para una posible misión a Marte.


Lo que comienza como una experiencia rigurosamente científica, va desplazándose hacia un territorio más ambiguo, en el que las certezas empiezan a desvanecerse y lo espiritual irrumpe en un entorno dominado por la tecnología.


Durante la rueda de prensa, Moreno ha explicado que uno de sus principales intereses era explorar el aislamiento desde una perspectiva diferente a la de otras películas de ciencia ficción, desde Solaris, de Tarkovski, a la más reciente Moon, de Duncan Johnes, que casualmente también tuvo su estreno mundial en Sitges, de cuya edición 2009 fue la triunfadora. 



A pesar de las referencias innegables, Moreno ha aclarado que su objetivo fue construir un universo propio alejándose de otros títulos del género. “A diferencia de algunos clásicos, en El exterior estamos en la tierra, en una zona inhóspita”, ha explicado el director, que también ha señalado el viaje espiritual que marca la segunda parte de la película como un elemento diferenciador de otros relatos del género. 



Del rigor científico al territorio de lo inexplicable

Uno de los elementos centrales de El exterior es su progresiva transformación narrativa. Moreno parte de un mundo científico y tecnológico, regido por una lógica causal, para adentrarse en otro en el que las certezas se debilitan y las explicaciones dejan paso al enigma.


“Me gusta el tránsito de la ciencia al misterio, de una relación causal a otra menos explicable”, ha abundado el director, que reivindica “un cine capaz de dejar preguntas abiertas” y prolongar la experiencia del espectador más allá de la proyección.


Su intención es que la película no ofrezca todas las respuestas, sino que permita al público construir sus propias interpretaciones. “En un mundo inexplicable en el que, sin embargo, tratan de darnos todo con instrucciones, agradezco como espectador ver películas que activen la imaginación. Un cine que se recrea en lo oculto, que apuesta por lo experiencial para dejar un poso en el espectador que le permite elucubrar a posteriori”. 


La música y la cultura psicodélica de los años sesenta y setenta también han contribuido a definir el universo sensorial de la película. Moreno buscaba una atmósfera capaz de transportar al espectador hacia territorios desconocidos, en consonancia con la deriva que experimenta la protagonista a medida que su entrenamiento se aleja de los parámetros previstos.


Un universo visual entre el laboratorio y el paisaje natural


Un viaje construido desde la escucha

La construcción visual de El exterior responde a dos espacios con identidades diferenciadas: el interior del simulador en el que se desarrolla el entrenamiento y los exteriores naturales de Fuerteventura. El director de fotografía, Pablo G. Gallego, trabajó ambos ambientes a partir de planteamientos lumínicos distintos, reforzando el contraste entre el espacio tecnológico y aséptico y un paisaje abierto, inhóspito y de apariencia casi extraterrestre.


En el simulador, el objetivo era que el decorado funcionara como un espacio real y completamente inmersivo. La iluminación fría, inspirada en la estética de los hospitales y los laboratorios, contribuye a transmitir, expone Moreno, la sensación de que la protagonista está sometida a observación y experimentación. En contraste, los exteriores aprovechan al máximo la luz natural y convierten el paisaje canario en un elemento narrativo fundamental.


El diseño de producción también planteó desafíos específicos: al construir un espacio cerrado y completo, el equipo tuvo que resolver con precisión detalles cotidianos -desde la apertura de las puertas hasta el funcionamiento de las luces o el agua de la ducha- para preservar la credibilidad del entorno. 


Moreno ha destacado asimismo la importancia de mantener vivo el dispositivo documental del que surgió inicialmente el proyecto. Aunque se trata de una ficción, la película conserva elementos asociados a esa forma de trabajar que ha empleado en títulos anteriores como La ciudad oculta, como los planos largos, la observación de los espacios y la posibilidad de incorporar la improvisación durante el rodaje.


La interpretación y la construcción de los personajes han sido otro de los ejes de la presentación. Moreno ha admitido que la elección de Daniela Brown para el papel de la astronauta Ana Lima fue inmediata, mientras que la búsqueda de Rina requirió un proceso más prolongado, que incluyó el contacto con personas vinculadas al chamanismo, el ocultismo, la vida rural y distintas prácticas relacionadas con el mundo espiritual.


“Cuando las junté a las dos, la magia surgió de inmediato”, ha recordado el director, que considera fundamental que las intérpretes comprendieran los códigos visuales de la película y pudieran desenvolverse dentro de un lenguaje que va más allá del diálogo convencional.


Para preparar a Ana Lima, Daniela realizó durante meses un intenso trabajo físico que le permitió acercarse a la resistencia y la fortaleza mental del entrenamiento espacial. “Pero el personaje me exigía explorar también la empatía y el compañerismo, alejándose de la imagen del astronauta como un héroe solitario”, ha concedido. Para la intérprete, el papel fue un regalo: “No sé cuándo me va a volver a tocar un personaje tan extenso y que me permita trabajar una personalidad que no define únicamente a través de las palabras”.


En el caso de Rina Ota, Moreno buscaba alejarse de los clichés asociados a los personajes vinculados con el chamanismo o el ocultismo. El proceso de creación fue evolucionando hasta encontrar una figura ambivalente, cuya presencia apunta tanto a lo humano como a una energía difícil de explicar. Según Rina, la exigencia de este personaje pasaba por mirarse a sí misma, por entrar en diálogo con su propio yo.


Una nueva etapa en la trayectoria de Víctor Moreno

Con El exterior, Víctor Moreno abre una nueva etapa en su trayectoria cinematográfica al afrontar por primera vez la escritura y dirección de un largometraje de ficción. El cineasta, que ha desarrollado buena parte de su carrera en el documental, ha reconocido que los procesos de financiación y preparación de la ficción son especialmente exigentes, aunque la experiencia del rodaje ha sido una de las partes más satisfactorias del proyecto.


“Si me dejan hacer ficción, haré siempre que pueda”, ha afirmado Moreno, que ha destacado el trabajo con el equipo durante el rodaje y su deseo de seguir explorando nuevos territorios narrativos. El director se encuentra ya trabajando en un nuevo proyecto que se adentra en el terreno de la fantasía, ha avanzado. 


Womack Studios: la puesta por un cine de género de autor

Para Silvia Sánchez, productora de El exterior en Womack Studios, uno de los aspectos fundamentales del proyecto ha sido acompañar a Víctor Moreno en el desarrollo de una película fiel a su mirada, preservando la singularidad de una propuesta que se mueve entre la ciencia ficción, la experimentación formal y el misterio. La productora se incorporó a un proceso creativo iniciado en 2021 y contribuyó a completar la financiación necesaria para hacer realidad una obra con una identidad visual y narrativa muy definida. Lejos de encorsetar el proyecto en los códigos más reconocibles del género, Womack Studios ha apostado por ofrecer al cineasta el espacio y la confianza necesarios para explorar su universo, mantener vivo el componente documental que se encontraba en el origen de la idea y llevar la historia hacia territorios menos previsibles.


Esta manera de entender la producción se enmarca en la apuesta de la productora sevillana por un cine de género con personalidad autoral, abierto a nuevas voces y a formas diversas de abordar lo fantástico. La presencia de El exterior en la Sección Oficial de Sitges coincide con la presentación de Summer War, de Alicia Scherson, y el documental El último recreo. A ello se suman proyectos como el largo de ficción Malos sueños, rodado el pasado verano en Canarias, que se estrenará el próximo año, y otras producciones recientes como Aquel último tiburón y Call me Paul, que reflejan la voluntad de la productora de impulsar proyectos que exploren los límites del género desde ángulos diversos. .


Como señala Isaac Torras, productor y director del Departamento de Ficción de Womack Studios, “queremos desarrollar historias con una mirada propia, capaces de dialogar con el público internacional”. Una filosofía que encuentra en El exterior una expresión especialmente significativa: una película que parte de las convenciones de la ciencia ficción para cuestionarlas y que reivindica el riesgo creativo como una vía para ampliar las posibilidades del cine contemporáneo.

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