Nota de prensa:
El próximo 26 de junio llega a Filmin en exclusiva “Natchez”, el aclamado documental de Suzannah Herbert que se ha convertido en una de las grandes revelaciones del cine de no ficción estadounidense reciente. Ganadora del premio al mejor documental en el Festival de Tribeca, donde también recibió menciones especiales del jurado al montaje y la fotografía, ha sido además reconocida por la National Board of Review como uno de los cinco mejores documentales del año.
Ambientada en Natchez, Mississippi, una de las ciudades con mayor concentración de esclavos del sur de Estados Unidos antes de la Guerra Civil, la película construye un retrato coral de una comunidad dividida entre quienes celebran el legado de la América antebellum como atractivo turístico y quienes luchan por recuperar una memoria históricamente silenciada.
Sinopsis
Natchez, Mississippi, vive del pasado. Sus mansiones históricas, sus visitas guiadas y sus recreaciones de época atraen cada año a miles de turistas fascinados por la imagen romántica del viejo Sur estadounidense. Pero bajo esa superficie persiste una historia mucho más incómoda: antes de la Guerra Civil, la ciudad fue uno de los mayores mercados de esclavos del país.
La batalla por el relato de la historia
Antes de la Guerra Civil, Natchez fue uno de los principales mercados de esclavos de Estados Unidos. Hoy, sus mansiones históricas, jardines y recreaciones de época atraen cada año a miles de visitantes fascinados por la imagen romántica del viejo Sur. Es precisamente esa contradicción la que impulsó a Suzannah Herbert a realizar la película.
“Crecí en el sur de Estados Unidos rodeada de la mitología de la Confederación y de la Guerra Civil”, explica la directora. “Era algo que siempre me generaba preguntas”. Años después, durante una boda celebrada en una antigua plantación, volvió a enfrentarse a esa realidad: “Me impresionó ver cómo estos lugares siguen utilizándose para el entretenimiento y el beneficio económico. Quería entenderlo y cuestionarlo a través de una película”.
Sin recurrir a narradores ni discursos explicativos, la cineasta observa cómo distintas personas intentan imponer su versión de los hechos. El resultado es un retrato tan fascinante como inquietante sobre quién decide qué se recuerda, qué se olvida y cómo el presente sigue construyéndose a partir de los relatos heredados.
El antídoto a "Lo que el viento se llevó"
Herbert apuesta por una puesta en escena que permite que los propios protagonistas revelen las tensiones y contradicciones de la comunidad. “Quería que las personas hablaran por sí mismas para que el público pudiera sacar sus propias conclusiones”, explica la directora. “No quería hacer una película que dictara una respuesta, sino una que planteara preguntas”.
Esa voluntad de cuestionar los relatos heredados también atraviesa las decisiones formales de la obra. Herbert y su equipo rodaron todas las escenas con cámara fija y lentes vintage inspirándose tanto en el cine clásico sureño como en películas como “Nashville” o “La noche de los muertos vivientes”. Entre sus referencias aparecía inevitablemente “Lo que el viento se llevó”, aunque con una intención muy distinta: “Queríamos hacer un antídoto a ‘Lo que el viento se llevó’”, explica la cineasta. El resultado es una película tan absorbente como incómoda que desmonta los mitos románticos del viejo Sur para enfrentarse a aquello que durante décadas permaneció fuera de campo.
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